miércoles, 31 de agosto de 2016

LÁGRIMAS DE MADRUGADA.

Vivo en un entresuelo cerca de una calle peatonal. Debajo de casa hay un bar y una terraza .Es fácil que  al caer  la tarde escuche  conversaciones . Pueden ser  de un  teléfono móvil, o una tertulia   desenfadada , o alguien que pasa por allí a  altas horas de  noche.

Ayer, casi de madrugada, oí llorar  una  mujer. 

Me desveló.

Recordé otro llanto, que no  viene al caso. ¡Hay tanto sufrimiento y miseria en esta vida!. Si hubiese podido  bajaría a  consolar  ese  dolor   anónimo. 

Pensé  en  Silvia.  Viene un  día a la semana a casa a realizar tareas   domésticas. Y me  preguntaba si no serían esas las lágrimas que escuché aquella noche. No sé nada de ella, de su hija, si tiene nietas...no sé nada. Y  tampoco  he preguntado 
qué puedo hacer  por ayudarla,

Me costó conciliar el sueño. No quiero justificarme en  el sufrimiento de  los demás como excusa  para hacerme la víctima . ¿Qué víctima puedo ser yo?. Esa mujer que  gemía  en la soledad  de un pequeño callejón  lloraba sus desventuras, su mala suerte, sus infortunios, sus desgracias . Por  lo  que sea  ,  esa mujer  se sentía arroyada.

Quiero abrazar ese  dolor. 

Y no deja de sorprenderme esta mañana la insensibilidad de  aquellos  a  quienes parece  no haberles pasado nunca nada. Y algo peor: que parecen ignorar la existencia del dolor en otros, como esta  mujer  que me dolió esta madrugada. 

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