jueves, 23 de febrero de 2017

CUANDO FUI FELIZ


Ser feliz consiste en  vivir  en la  inconsciencia, no darse cuenta de que uno está viviendo. 

Adán cuando estaba en el Paraíso, antes del asuntillo ese  de  la manzana, era  inmortal. Se  paseaba lanceando  el nabo  como si fuese un surtidor de Diesel E- Plus, tan feliz  y tan campante, en pelotas.   Iba tarareando  cualquier  cosa, silbando, comiendo plátanos  bajo la complacida mirada de Dios. En  su vida  no había  nada   especial  que  señalar. En esa etapa de inocencia, de gracia,  o de inconsciencia , este hombre  no podría  contar  nada.  Era  una vida monótona, sin tentaciones . Era como una especie de atolondrado  que para entretenerse  se rascaba el  culo ante un paisaje de agencia de  viajes . Su memoria se confundía con la exuberancia  que le rodeaba .

Tenía   cien  años y  no había  perdido   los dientes de leche, y  en aquel tiempo todos los virus eran benignos. 

No sé tú, pero yo  sólo  fui feliz  en esa  etapa  de  mi vida  donde  no  había  nada  en mi cerebro. Cuando no había  historia. Cuando  me  subía  a  la espalda de mi padre   que hacía  flexiones   en el suelo  y  uno  subía y bajaba  escuchando los jadeos de  aquel  hombre. Cuando  cantábamos en el coche  canciones  y canciones. Cuando no había sexo, ni religión, y  Dios me miraba  complacido. Cuando  jugaba  con mi hermano en  la cama a  tirarnos  pedos  y reírnos  como descosidos . Cuando  pedía a  mi madre  que  no cerrase  la  puerta de  la habitación  y  dejase  la luz del pasillo  encendida.   

O  cuando  lloraba  de  pena  escuchando a  José   Guardiola  y su  hija  cantando  "Di papá". O  la   moquera  que  me  dio  al  morir  la madre de  Bambi. Cuando bajamos  felices  a  la  calle a ver el seiscientos recién comprado por  mi padre, y  la  vuelta  que  nos dimos   para  estrenarlo.  O  el recuerdo del perfume del cine  Torrero. Cuando  puse   cara de  asombro  y asco al explicarme el padre  Lucia  la reproducción  y  salí convencido  que se trataba de orinar  dentro del cuerpo de una niña. Las  primeras tetas  que vi, y   el por qué me  gustaban  tanto. El  sonido  del  temporal de lluvia en una   clase  de  primaria, y el vaho  condensado en los cristales. Ese olor también.  La felicidad suele   mezclarse  con la nostalgia, pero no es la nostalgia, sino el lado oculto de la conciencia, esa  puta  zorra de ojos verdes e insomnes.

La dicha es un  estado de  desustanciado , un lapso de vida sin pasiones, gobernado por la  simpleza. 

Después  todo se  complicó  y ahora  sólo  queda regresar a  casa.



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